La luz de la mañana se filtraba por las persianas de la suite de recuperación, dibujando líneas de oro sobre la cuna de cristal. El hospital, a pesar del asedio mediático que rugía tras sus muros de hormigón, se sentía como una burbuja de silencio irreal. Sofía estaba recostada entre almohadas blancas, con el rostro pálido pero encendido por una chispa de triunfo que no emanaba del ego, sino de la supervivencia.
En sus brazos, envuelto en una manta de algodón orgánico, descansaba el motivo de s