El viaje hacia el pueblo costero de San Pedro fue un trayecto envuelto en una neblina que parecía surgir no del mar, sino del mismo pasado que Sofía intentaba desenterrar. Para escapar de la vigilancia de Alexander, Sofía tuvo que recurrir a la astucia que había cultivado en las sombras: fingió una visita a un spa de retiro en las afueras con una vieja amiga de la universidad, una coartada que Simón ayudó a solidificar con registros falsos.
Mientras el coche alquilado avanzaba por la sinuosa ca