El crepúsculo caía sobre la ciudad con una tonalidad violácea, como un moretón que se desvanece en la piel del cielo. Sofía se encontraba en el jardín de la nueva sede de la Fundación Lennox, un espacio que olía a tierra fresca y a promesas de reconstrucción. El edificio, de líneas modernas y ventanales transparentes, era el antítesis de la mansión oscura donde había pasado su juventud.
Llevaba un vestido de punto color crema que ya no ocultaba la curva incipiente de su vientre. Seis meses habí