El aire en la sala de justicia de la Cámara de Comercio de Thorne Capital estaba tan viciado que cada respiración parecía una lucha. No era un juicio público, sino una audiencia preliminar de arbitraje por una demanda civil de "medidas cautelares urgentes". Sin embargo, para la Señorita Lennox, se sentía como un paredón de fusilamiento.
Frente a ella, alineados como una falange de odio y desesperación, estaban los Smith y los padres de Mateo. Lourdes Smith, con sus perlas apretadas contra un cu