El Palacio de Cristal, una joya arquitectónica de techos infinitos y lámparas de araña que parecían racimos de estrellas capturadas, era el epicentro de la sociedad aquella noche. El aire vibraba con el sonido de los violines y el murmullo de las élites, un ecosistema donde el poder se medía en la finura de la seda y la frialdad de los diamantes.
Esta no era una gala cualquiera. Era la celebración de la fusión tecnológica del año, y todos los ojos buscaban a los protagonistas de la reciente tor