La luz de la mañana en el "Refugio de los Robles" tenía una claridad distinta a la de la ciudad. No había smog que filtrara los rayos del sol, solo la pureza del bosque. Alexander y Sofía compartían un desayuno tardío en la cocina de granito, rodeados por el silencio de su nueva fortaleza. Sin embargo, la calma era solo superficial.
—Alexander, tenemos que hablar de Simón —dijo Sofía, dejando su taza de café sobre la mesa—. No está solo distraído. Está... vulnerable.
Alexander arqueó una ceja,