El rugido del motor del Bentley de Simón era apenas un susurro comparado con el estruendo de pensamientos en la cabeza de Sofía. Al entrar en el vehículo, el mundo exterior, las luces de la gala, los gritos desesperados de Mateo, el veneno de los Smith, quedó sepultado tras el grueso cristal blindado.
Simón presionó un botón en el panel de control y una pantalla de privacidad se deslizó suavemente, separándolos del chófer. El habitáculo quedó sumido en una luz tenue y cálida, un santuario de cu