El "Refugio de los Robles" se alzaba entre la espesura del bosque como un monumento a la paranoia. Por fuera, la piedra rústica y las maderas nobles sugerían una calidez de hogar aristocrático; por dentro, era una estación de vigilancia de alta gama donde el aire reciclado sabía a metal y a miedo. Habían pasado dos semanas desde que la familia Thorne-Lennox abandonara la ciudad, y el tiempo parecía haberse espesado, transformándose en una sustancia viscosa que dificultaba el simple acto de resp