La biblioteca del "Refugio de los Robles" se sentía más pequeña que de costumbre. Simón estaba sentado frente a una terminal apagada, un hecho inaudito. Sus dedos jugueteaban obsesivamente con el rosario de madera que Gema le había regalado, buscando en la textura de la madera la calma que su mente le negaba.
Sofía, entró con paso lento. Había una pesadez en sus hombros que Simón reconoció de inmediato. Ella se sentó frente a él, obligándolo a abandonar su refugio interno.
—Simón, Williams Ande