RASTROS DE DELIRIO
El silencio en la habitación solo se veía interrumpido por el goteo de una tubería externa y el sonido de los pasos de Adrián en el pasillo. Lysandra estaba sentada en el borde de la cama, con la espalda rígida y la mirada perdida en las manchas de humedad del techo. Sus dedos entumecidos por la falta de circulación normal de la sangre por el amarre de la soga con la que Adrián la inmovilizó, se hundían en las sábanas ásperas, contando los segundos de paz antes de que la puerta volviera a abrirs