Lysandra bajó del auto sin despedirse. La confesión de Maximilian sobre su padre y el enemigo común no provocó en ella la empatía que él esperaba, sino una alerta roja. Cerró la puerta del auto con un estallido metálico y caminó hacia la entrada de la mansión. Sentía el peso del dispositivo USB en su bolsillo, una pequeña pieza de plástico que contenía la destrucción final de Adrián y Vania, principalmente.
Al entrar, el silencio de la propiedad era denso. Las luces del vestíbulo estaban a medi