El silencio que siguió a la llamada distorsionada fue más pesado que la amenaza misma. Lysandra sostuvo el auricular unos segundos después de que la línea quedara muerta. La mención de su tío, Elías Valerius, era un golpe que no figuraba en sus planes. Maximilian permaneció de pie junto al ventanal de la sala de juntas, observándola con una fijación que ella encontraba irritante y necesaria a partes iguales.
—¿Te vas a quedar ahí mirando cómo se desmorona mi seguridad o vas a decirme qué tanto