Maximilian no respondió de inmediato. La observó con una intensidad que Lysandra sintió como una invasión. Ella todavía cargaba con el olor a tinta y sangre de la biblioteca, una fragancia de victoria que la hacía sentir invencible, aunque por dentro sus nervios estuvieran a punto de estallar. Él le hizo una señal para que caminara hacia el interior del edificio de registros, pero no se detuvieron en las oficinas públicas. Subieron por un ascensor privado hasta un nivel donde el mármol era más