ARQUITECTURA DEL ENGAÑO I
Sumergida bajo el chorro de la ducha de agua caliente, Vania miró sus manos, no lo hizo porque sintiera la pulcritud que se consigue metida allí, no, lo hizo fue por pura necesidad de enfocar su mirada en algo que le comprobara que estaba viva, que era ella la que estaba allí en esa área exclusiva de la mansión Valerius, que fue ella quien por pura satisfacción fría que le recorrió la columna, había ejecutado la segunda parte de su plan perfecto. Ella siempre se había dicho que el mundo se divid