La mansión Valerius recuperó un silencio sepulcral tras la partida de los invitados, pero era un silencio cargado de electricidad. Lysandra subió a la suite matrimonial sin mirar atrás, con los documentos de la venta ilegal apretados contra el pecho. Sus manos aún temblaban, no por miedo, sino por la magnitud de la estafa. Maximilian Vanderbilt, el hombre que le juraba devoción en las aceras, ya era dueño del suelo donde ella pretendía reconstruir su imperio.
Adrián entró en la habitación minut