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​​​​​​​*—Uriel:

—Me imaginé que ella te lanzaba la botella desde su mesa —rió Cameron luego de lo que Uriel hizo, lo cual enviarle una botella vieja de vino con un bonito y agradable mensaje.

Uriel se encogió de hombros con una sonrisa triunfal.

—No tiene los cojones para hacerlo —se burló Uriel—. Además, ¿no estarías ahí para defenderme?

Apenas las palabras salieron de su boca, se arrepintió.

Vio cómo Cameron cambiaba su expresión, torciendo la boca en una mueca de fastidio. La incomodidad en s
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