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*—Danny:

Luego de minutos de tensión, Uriel por fin se acomodó entre sus piernas, una mano sujetando su muslo y la otra guiando su erección lubricada. Danny sintió la cabeza del pene de Uriel rozando su entrada ya sensible, frotándose contra su piel húmeda.

El primer empuje lo hizo gritar. El dolor se mezcló con el placer al sentir cómo su cuerpo era invadido, estirado más allá de lo conocido. Los músculos le ardían, pero al mismo tiempo un calor profundo lo llenaba, diferente, embriagador.

—Sh
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