*—Uriel:
Danny le tomó la mano, firme y cálido, guiándolo paso a paso. Uriel escuchaba el crujido de la arena o tal vez de la grava bajo sus pies, y a veces el murmullo lejano de voces, lo cual era normal, ya que no estaban solos en el complejo. Sin embargo, no dejaba de preguntarse… ¿Dónde estaban los demás?
Caminaban desde hacía varios minutos, y la curiosidad comenzó a mezclarse con intriga. Danny soltó una risita traviesa, de esas que siempre anunciaban problemas… o maravillas. Uriel apretó