*—Uriel:
Uriel jamás se habría imaginado que unas mini vacaciones, supuestamente improvisadas, terminarían en su propia boda. Bueno… no tan improvisadas, se notaba que todo había sido orquestado con una precisión de reloj suizo para que él no sospechara nada. Y lo habían logrado.
Sus ojos recorrieron las mesas dispuestas en el comedor común del complejo, ahora transformado en un salón de recepción al aire libre. Los manteles blancos caían suaves sobre la madera, las flores blancas y crema estab