Incapaz de seguir concentrándose en los documentos, Mateo se dirigió al dormitorio principal, encontrándolo vacío. Se detuvo frente a la puerta cerrada del baño:
—Valentina, ¿aún no terminas?
El silencio fue su única respuesta. Cuando iba a tocar, la puerta se abrió. Entró para encontrar la bañera vacía, sin rastro de Valentina.
¿Dónde estaba?
Una criada entró en ese momento:
—Señor, la señorita se ha ido.
¿Se había ido? ¿Así, sin más?
Mateo notó el hielo intacto:
—¿No se lo puso en la cara?
—No