Alguien estaba llamando a la puerta.
Sara le sujetó la mano a Luis de inmediato.
—¡Es Rosa!
Al momento llegó la voz de Rosa desde afuera:
—Señor, señora, ¿ya se levantaron?
Luis se llevó el dedo a los labios haciendo un gesto de silencio para que Sara no dijera nada.
—¿Qué estás haciendo? —susurró ella.
—¡No hables!
—Pero Rosa…
Luis bajó la cabeza y la besó, con la voz ronca:
—Olvídate de Rosa. Ocúpate de tu marido.
—Pero…
—Si no dices nada, Rosa no va a saber nada.
Y siguió besándola.
Al segund