Luis intentó defenderse.
—La verdad es que nosotros…
—Basta, señor —lo cortó Rosa—. Las explicaciones son puras excusas. Usted sabe mejor que yo qué intenciones tiene con la señora.
Luis no supo qué responder. Era cierto que no podía contenerse.
En ese momento Sara bajó las escaleras.
—Aquí estoy.
Luis levantó la vista. Ese día Sara llevaba un vestido amarillo pálido, el cabello largo y rizado recogido en un moño bajo, con dos aretes de perlas colgando de las orejas. Tenía un aire suave y lumino