El sol de mediodía en Miami caía como plomo derretido sobre el asfalto.
A pesar de los nubarrones que se cernían sobre la seguridad de los Lockwood, Alma había logrado convencer a Iván de que su madre y sus familiares y amigas más cercanas debían estar presentes para la prueba final de los vestidos de gala.
Para Alma, no era solo una cuestión de etiqueta, era la necesidad de sentir el calor de su verdadera gente antes de lanzarse al abismo de la alta sociedad.
Iván, en un gesto de reconciliació