La mansión de los Lockwood se había transformado en una fortaleza sitiada, mientras los preparativos para la boda, que debían ser un despliegue de alegría, se llevaban a cabo bajo el escrutinio de guardias armados y detectores de metales.
Iván, consumido por un remordimiento que se manifestaba como una frialdad cortante, pasaba las noches en su despacho revisando registros que nada tenían que ver con el banco. Su obsesión se había desviado hacia un nuevo objetivo, Henry Daniels.
Mientras Iván a