La noche se cernía sobre la mansión con una pesadez asfixiante. Tras el terror vivido en la autopista, el silencio de la casa no traía paz, sino una calma tensa, como la que precede a una tormenta definitiva.
Iván había desplegado un ejército de seguridad alrededor del hotel donde se refugiaba la familia de Alma, pero sabía que el miedo era un rastro que las armas y los guardias no podían borrar.
Al entrar en el dormitorio principal, Iván encontró a Alma de pie junto al ventanal, abrazándose a