El silencio de la mansión de noche siempre había sido engañoso para Alma, las sombras de las columnas de mármol parecían guardar secretos que la luz del día no se atrevía a revelar.
Esa noche, después de acostar a Maria y arropar a Kira, Alma bajaba las escaleras buscando un poco de agua, sintiendo el corazón ligeramente más ligero por tener a su madre bajo el mismo techo.
Sin embargo, al acercarse a la biblioteca, el sonido de voces bajas y tensas la detuvo en seco. La puerta de caoba estaba e