Esa semana, mientras Alama guardaba como un tesoro aquella llave de seguridad bancaria la mansión de Brickell se había transformado para la última noche del año.
Miles de luces LED color champán colgaban de los techos altos, y el aroma a pino fresco y jazmín se mezclaba con el perfume costoso de los invitados.
Iván no había escatimado en gastos, esta no era solo una fiesta de fin de año, era una declaración de poder. El anuncio oficial de la fecha de la boda sería el golpe final para silenciar