La mansión finalmente guardaba silencio, pero era un silencio denso, cargado con los ecos de las sirenas policiales y el peso de las traiciones descubiertas. Tras la partida del Coronel Garrison y de Henry, la planta alta de la casa se sentía como una isla desierta en medio de un océano en tempestad.
Alma se había refugiado en la habitación principal.
Necesitaba que el agua caliente borrara el rastro de la suciedad de Hialeah, el olor del hospital y, sobre todo, la sensación de haber sido tocad