El poco aire de victoria que Alma traía desde Hialeah se evaporó en el instante en que sus pies tocaron el pavimento de la entrada de la mansión. Frente a ella, las luces azules y rojas de la patrulla policial cortaban la penumbra del atardecer, proyectando sombras alargadas y amenazantes sobre la fachada de piedra.
Iván sostenía el documento de registro con una fijeza que delataba su furia contenida, y al ver bajar a Alma del jeep, dio un paso hacia ella, pero el Ex Coronel Garrison se interpu