Alma no le dio más vueltas a lo que le pareció raro en la actitud de su amiga, y se sentó frente a Carla.
— Necesitaba salir de esa casa, Carla, me siento vigilada hasta cuando duermo — dijo Alma, sentándose en un taburete — Mañana tengo que volver al barrio con un supervisor del juzgado. Quieren ver si sigo siendo la misma de siempre.
Carla se detuvo y miró a Alma con una intensidad extraña.
— ¿Y sigues siéndolo? — preguntó Carla — Porque ayer, cuando hablamos, te noté muy cerrada, como si no