El silencio que siguió a la revelación de Alma fue tan denso que el tic tac del reloj de péndulo en la biblioteca parecía un martillazo.
Iván la observaba con una intensidad nueva, una mirada que ya no buscaba fallos en su actuación, sino que intentaba descifrar la mujer que se escondía tras la empleada desesperada, esa versión de Alma Reyes que no conocía.
— ¿Singapur y las Islas Caimán? — repitió Iván, su voz era un murmullo ronco que vibraba en el aire cargado — ¿De dónde sacaste eso, Alma?