Evangeline Olmos.
El trayecto en el taxi se sintió como una transición borrosa entre el mundo que dejaba atrás y el abismo desconocido hacia el que me dirigía por mi propia voluntad. El llanto contenido y la rabia que me habían encendido la sangre en la sala de mis padres se fueron enfriando lentamente, dejando en su lugar un vacío pesado, un eco de decepción que me calaba hasta los huesos. Ver cómo me daban la espalda, percibir ese favoritismo descarado que pretendía despojarme de mis propios