La mansión de Starfish Key era un despliegue de modernismo blanco sobre el azul turquesa del Caribe. Pero para Helena, el paraíso olía a emboscada. Magnus, eufórico por el aire marino y su propia importancia, presidía la estancia como un rey absoluto.
Durante el día, Brooke fue la viva imagen de la perfección. Reía con Magnus, le servía el vino con una devoción filial que rozaba lo teatral y caminaba por la playa del brazo de sus hermanos, fingiendo que la escena en la biblioteca nunca había oc