Capítulo 18
La claridad del sol entraba por las grandes ventanas del comedor, bañando la mesa perfectamente puesta con frutas frescas, panes, mermeladas y vajilla fina. Aurora, como de costumbre, dirigía el ambiente, dando los buenos días a los empleados y asegurándose de que todo estuviera en orden.
Alexander estaba sentado a la mesa, con una tableta en las manos y una taza de café frente a él, el rostro impasible, concentrado o fingiendo estarlo. Ninguna expresión dejaba traslucir el caos que