Capítulo 115
Isadora asintió, intentando ocultar el nudo en la garganta.
—Sí, podemos ir ahora.
La corredora abrió la puerta del coche de la inmobiliaria.
—Perfecto. Vamos, queda bien cerca.
El trayecto fue corto, pero cada minuto en el coche parecía alargar el tiempo. Isadora observaba las calles, intentando distraerse con el movimiento de la ciudad, pero la mente volvía siempre a la misma pregunta: ¿cómo sería la vida sin Alexander? Sin el calor de la familia unida, sin las risas en la cena,