El sonido de los violines y el piano se funde en una sinfonía suave, etérea, casi peligrosa. Como si la música supiera lo que ocurre entre nosotros y se convirtiera en un testigo silente de la tensión que nos consume.
Cassian me sostiene con más firmeza. No es brusco, pero no me deja espacio para alejarme.
Mi pecho roza con su cuerpo con cada leve movimiento. Su aliento cálido y fresco roza mi piel con cada inhalación. Su olor me rodea.
Cierro los ojos un segundo.
«Dios. ¿Por qué mi cuerpo reacc