[Semanas después]
—Son un niño y una niña.
La voz del médico flota en el aire como si hubiera recitado un secreto sagrado. Parpadeo. Mi corazón late tan rápido que siento que se me va a salir por la garganta. Giro la cabeza hacia Cassian, que está de pie a mi lado, con la mirada fija en el monitor donde se mueven las siluetas borrosas de nuestros bebés.
—Un niño y una niña —repito sin poder creerlo.
—¿Estás seguro? — susurra Cassian, como si temiera que decirlo en voz alta pudiera romper el mom