Perspectiva de Arielle
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La luz natural entra por las enormes ventanas del pent-house, derramándose sobre el suelo como un velo blanco. Estoy en mi oficina, o al menos así decidí llamarla. Una habitación que antes estaba vacía y que ahora alberga mi escritorio, dos estanterías llenas de carpetas y documentos, una pequeña lámpara, una silla ergonómica que me entregaron hace tres días y una planta que no sé cómo mantener con vida.
Desde que me mudé aquí con Daniel no he querido pisar la empresa.