La sutil provocación de Camilo aún flotaba de forma densa en el aire del despacho cuando la pesada puerta doble de madera se abrió de golpe, interrumpiendo de inmediato la cercanía que se había cobrado entre la gobernadora y su general. Saúl entró a paso apresurado, rompiendo el hechizo. Esta vez el anciano consejero no lucía pálido por el miedo mediático, sino visiblemente descolocado, rígido y tenso.
—Gobernadora, General... lamento profundamente esta interrupción inmediata —dijo el anciano,