Un par de golpes suaves y acompasados en la pesada madera de la entrada interrumpieron de golpe el torbellino de sus pensamientos.
—Adelante —dijo Megan, enderezando la espalda al instante y recomponiendo su postura de mandataria intocable.
Saúl entró de nuevo al despacho, luciendo una sonrisa de absoluta y genuina satisfacción que a Megan le pareció casi una burla irónica dadas las circunstancias.
—Gobernadora, el General Camilo acaba de terminar de reorganizar los protocolos de seguridad de l