El arrullo de la seda abriéndose paso a lo largo de su columna vertebral hizo que a Megan se le erizara la piel por completo. El aire fresco y climatizado de la lujosa habitación golpeó de lleno su espalda desnuda, provocándole un estremecimiento involuntario, pero ese frío repentino se disipó de inmediato cuando las manos de Camilo trazaron el camino inverso. Sus dedos largos subieron con una firmeza abrasadora por sus costados, quemando la piel expuesta y reclamando cada centímetro de su silu