El último velo de la duda se rompió por completo en la penumbra de la suite, dejando al descubierto una verdad tan cruda como asombrosa. Detrás de las tramas de encaje y el cuero rígido de sus respectivos antifaces, la certeza absoluta golpeó a ambos con la fuerza de un rayo. Ya no había espacio para suposiciones ni elaboradas teorías. Se habían reconocido con una claridad implacable.
Megan sabía, con cada fibra de su ser, que el hombre de traje oscuro y ojos de esmeralda era Camilo, su indomab