El agarre de Camilo en su cintura se volvió de un acero implacable, anulando en un segundo cualquier posibilidad física de escape. A través de la fina y resbaladiza seda vino tinto de su vestido, Megan sintió la presión firme y deliberada de sus dedos largos; una posesividad tan abrumadora y soberbia que le cortó la respiración de golpe. Estaban tan dolorosamente cerca que el calor denso que emanaba del cuerpo del oficial la envolvió por completo. Aunque vestía un elegante traje civil de sastre