El beso fue una declaración de guerra absoluta, un choque de voluntades desprovisto de cualquier sutileza o preámbulo diplomático. Camilo la devoró con una intensidad salvaje, casi primitiva, que barrió de inmediato cualquier capacidad de pensamiento racional en la mente de Megan. El penetrante sabor a licor costoso de él se mezcló con la urgencia contenida de ella, y por un instante infinito, la soberana absoluta de Tierra Escarlata olvidó la existencia del palacio, el peso de las leyes y las