Camilo dio un paso más hacia el frente, acortando la distancia de manera drástica hasta que el calor denso de sus cuerpos empezó a mezclarse de forma inevitable en la penumbra de la suite. Se inclinó sutilmente hacia ella, invadiendo su espacio con una parsimonia letal, buscando descifrar el enigma de esa misteriosa mujer que le hablaba con la soberbia innata de una auténtica reina. Fue en ese preciso segundo cuando un haz de luz plateada, proveniente de los rascacielos de la ciudad, se filtró