—¡Bah! Sigo siendo virgen, aparte de ti ningún hombre me ha tocado ni un dedo, ¿cómo voy a estar mojada? —protestó Mariana sonrojada, con un tono juguetón.
—¡Si no quieres esto, no tengo nada más que ofrecerte!
Al parecer había notado que Faustino se contenía por su condición de policía, lo que la animaba más a provocarlo.
—Ay, si no fueras policía, de verdad que probaría un bocado —dijo Faustino abriendo y cerrando la boca, como queriendo decir algo más, antes de suspirar profundamente.
Pensaba