Instintivamente, Julio quiso intervenir para salvar a Faustino, pero el codazo de Sam ya estaba descendiendo. ¡Era demasiado tarde para detenerlo!
—¡Ja, ja! ¿Y este mediocre es a quien el maestro Diego llama maestro? ¡Qué vergüenza tan absoluta! —se burló Dylan al ver la escena.
—¡Maestro... tenga cuidado! —gritó Diego con el rostro descompuesto, intentando advertirle.
—Qué error haber permitido este combate... —murmuró Luisa con arrepentimiento.
Si Faustino resultaba gravemente herido, ¿cómo po