Ante esta situación, Lorenzo no podía aceptar lo que veían sus ojos.
—¡Esto es imposible! ¿Acaso el hermano mayor del maestro Dylan tampoco podrá vencerlo?
—Maestro... lo siento, le he avergonzado —murmuró Diego con dolor mientras veía a Faustino intervenir.
Su rostro reflejaba una profunda vergüenza.
—No hay nada de qué avergonzarse. Simplemente no eras rival para él, y ellos han sido deshonestos. No hables ahora, deja que te atienda las heridas —respondió Faustino, conteniendo su furia—. En br