Al escuchar estas palabras, Lorenzo, arrodillado en el suelo, sintió tanta frustración que casi escupía sangre.
¡Se suponía que sería su familia quien forjaría lazos con los Amenábar! Pero Faustino no solo lo había humillado, sino que también le había arrebatado esta oportunidad dorada. ¡Maldito sea!
Además, con la protección futura de los Amenábar, vengarse de Faustino y Diego sería prácticamente imposible.
Mientras Lorenzo se sumía en la desesperación, Luisa apenas había entrado al salón inte