—Y disuelve tu gimnasio. Entonces, el maestro Diego podrá marcharse —añadió Sam con evidente desprecio en cada palabra.
—¿Qué clase de condiciones son esas? Me niego rotundamente a aceptarlas —respondió Diego, su rostro ensombreciéndose.
—Si el maestro Diego no acepta las condiciones de mi hermano mayor, no nos iremos —intervino Dylan con una sonrisa burlona—. Aunque veo que hoy el maestro Diego no muestra su habitual arrogancia. Pareces una tortuga escondiendo la cabeza. Claro, sabes que no ere